Una manera personalísima de mirar y escribir sobre las cosas que pasan en mi entorno
domingo, 30 de agosto de 2020
VAIVENES y PERMANENCIAS
sábado, 29 de agosto de 2020
PIENSO QUE...alguien me espera
50/2020
AÚN
Alguien que mira al mar
piensa mi nombre. (La noche está lacrada).
Yo siento que me espera.
Unos ojos cerrados
escalan los abruptos paisajes de mi infancia.
Yo siento que me esperan.
Un tacto desolado
tantea aquel recuerdo de piel enardecida.
Yo siento que me espera.
* * *
Una espera infinita
se alarga en este espacio orfánico, irredento.
Y aún
seguimos esperando.
* * *
En medio de tan mansa y letal melancolía
ambos sabemos
que alguien nos espera.
En CasaChina. En un 29 de Agosto de 2020
domingo, 23 de agosto de 2020
DEUDA CON JÓDAR
| La casa del maestro en La Barriada de Fátima (47/2020) |
(Poemas para Sierra Mágina)
Te lo debo.
Te debo otro regreso y otro júbilo
sin aprensión, sin pánico, sin prisas.
Este tiempo de plagas y de anemias
nos hiere de distancia,
nos aleja,
nos silencia la voz. Y hasta el abrazo
se queda suspendido,
nos secciona, nos lisia, nos divide,
en el contorno exacto del deseo.
El desconsuelo entonces se desborda.
Germina la añoranza.
Tus calles de estrechuras y calimas,
la anciana, la decrépita parroquia,
esa irredenta fuente sin fuente de la plaza,
el Andaraje, exhausto de remiendos,
la Carrera, llagada de angosturas,
o la decrepitud que habita en Fátima
en la escuela vencida,
apuntalada
por la tapiada casa del maestro…
Todo se confabula
para infectar de pena, de desgarro
y de melancolía esta distancia
rabiosamente impuesta.
Por eso me lo debes.
Por eso te lo debo.
En CasaMágica. En un 22 de Agosto de 2020
ÚLTIMAS NOCHES EN SIERRA MÁGINA
A Gloria: que miraba nuestras mágicas noches hasta hacerlas suyas
Eran aquellas noches
un desmande pulsátil de cocuyos,
un fárrago de ojos al acecho:
Los nuestros,
izados cual banderas sin mesnada,
−codicias terrenales−
brillando hacia el astral milagro de la noche.
Y los de las estrellas
bogando en nuestros ojos
−luciérnagas ajenas a sus brújulas−
hasta hacernos,
el cielo con tierra,
un único reflejo con la noche.
¿Acaso fuimos ángeles,
y luego
éramos solo hombres desalados?
Sé
que volábamos alto creyéndonos galaxias.
Que exhalábamos soplos luminosos,
destellos de vías lácteas irreales,
alientos como lluvias de mercurio
huidos
desde la angosta cárcel de cristal
de algún viejo termómetro.
Jadeos, como de amantes impacientes
que nunca ponían fin a su tarea.
Sé
que de las turbadoras noches
de nuestra Sierra Mágina
hicimos un murmullo de luz descomedida
para abrirnos en dulces resplandores
como flores de loto en un estanque
donde la luna nueva da una tregua.
Hasta que nos hirió,
de muerte y de tristeza,
un imprevisto toque de silencio.
Entonces
mudados en jinetes tenebrosos,
en viejas amazonas
−espantadas, atónitas, perplejas−
cabalgamos los días del desamparo,
como un inevitable apocalipsis
en el que las estrellas nos miraban
como turbios mortales fermentados.
Ahora,
tendremos que aprender a conjugar
la audacia de vivir entre tinieblas,
envueltos en sudarios sin costuras
con un huraño riesgo pespunteado
en miradas oscuras y tristísimas.
Tendremos que cruzarnos por las calles
y leernos la arenga de los labios
retándonos al beso;
tratar de transitarlas
poco a poco,
guardando las distancias,
plegando los abrazos,
−cobijas redentoras aún por estrenar−
en los viejos arcones de las cámaras
hasta el nuevo regreso de la luz.
Hasta que llegue el tiempo.
Mientras tanto
ellas siguen ahí
de imaginaria.
En CasaMágica. En un 23 de Agosto de 2020



