Y a todos nuestros cronistas de SMB
(Dedicatoriendas con soneto)
Dedicatoriendas - 75/2025
Serían pasadas las 19,30 horas del otro día. Hablo del día 9 de
Mayo de 2025, que, quienes lo vivimos, archivaremos en la memoria como uno de
nuestros días grandes a añadir al archivo de los años que nos queden, por
haberse dedicado a otras personas grandes de Bedmar, y, quienes no lo vivieron,
lo conocerán gracias a las crónicas que escribirá nuestro cronista.
La
tarde comenzaba a cerrarse en gorriones cuando el actual alcalde de este pueblo
mío, arreglado con un traje en tonos “puesta-de-sol” a juego con su pelo
bermejo, arrancó el acto: la entrega de premios de la III Gala del Día de la
Villa de Bedmar.
La Plaza de Arriba de siempre, a la que
ahora le dicen “la Plaza del Ayuntamiento”, estaba a bosar de sillas al aire
libre. Las dos primeras filas las ocupaban los inminentes agasajados entre
quienes se encontraba mi anfitrión: el cronista oficial, José Manuel
Troyano Viedma. Apenas hubo tiempo de darnos un estrujón de protocolo, tipo
AbrazoInterruptus, ansioso de prolongarse hasta los anales de nuestra
juventud ya en desuso.
Al fondo, junto a los senos de las
carnicerías, hoy descubiertas pero guardando sigilos de lo que en ellas pasó en
otros tiempos, un bullicio de infancias y de pájaros enruidaba la tarde
agónica. Gentes de juiciosa estancia fija y gentes de paso –bien que a nuestro
pesar– también habíamos; pero, hechos a callarnos cuando conviene (o cuando
conviene al fausto del acto en donde estamos) no se nos escuchaba tanto como a
la chiquillería, que jugaba sin cortapisas al pillapilla. O como a los pájaros,
en busca de acomodo en la fronda de los plátanos orientales que han venido a
sustituir a la cabina telefónica de la esquina izquierda de la Plaza, y al
antiguo pilar de la esquina de la derecha, desaparecido hace tantísimos años
ya. Algunos pájaros más huraños se disputaban cobijo en los pinos del jardín de
la casa de DonCesáreo, esa casa que siempre se llamará así aunque el
dueño que yo le conocí, aquel antiguo galeno de enjuta figura y aires
distraídos, don Cesáreo, ya no pertenezca al mundo de los seres parlantes desde
hace más de medio siglo, y la casa no sea ya mucho más que una ruina inquietante
que sigue guardando con celo los fantasmas de siempre entre sus grietas y
desconchones.
Tomó la palabra José Manuel y, mientras
él, con ese saber hacer que da el ser grande a pulso entre los grandes, iba
mentando por su nombre o por su mote a quienes hicieron palpitar las calles de
este pueblo nuestro, me llegó una ráfaga de frescor como brotada de la
superficie del agua del ausente pilar de la Plaza de Arriba.
Hago un incido para aclarar que Bedmar ha
sido pueblo de manantiales magnánimos y pilares rumorosos que, lejos de
incomodar, refrescaban los cuerpos y las almas de las criaturas agosteñas, pero
que fueron sucumbiendo, unas veces a la desidia, y otras al alarde de rancias
moderneces municipales de secano. Perteneciendo como pertenezco a la era de DonCesáreo,
me pienso yo que todos los que somos de por aquí y aquí propagamos nuestra
infancia sabemos lo que son esas bocanadas de aire que, en plena canícula,
llegaban hasta el pueblo desde las frescuras del río Cuadros, tras remontar la CuestaLeonardo,
cruzar el barranco de LaSalina y meterse por ElMundoGráfico, para
refrescarnos las tardes de tomar el fresco a la puerta de las casas y disiparle
las bravuras al tamo de las eras en sazón.
Eso fue lo que yo sentí el otro día allí
en la Plaza de Arriba mientras hablaba nuestro cronista: como una bocanada de
aire fresco alentándome la memoria de aquella infancia en la que José Manuel
Troyano Viedma, todavía con calzones cortos, se alargaba hasta los “cellajos”
–así los llamó él– para escurrirse ladera abajo dispuesto a la aventura
callejera.
Cómo cambian las cosas desde que el bar de
Chicuelo, ahora durmiente al otro lado de la calle, era un bullicio de
futbolines, y yo estrenaba adolescencias ya olvidadas.
No es de extrañar que la Plaza de Arriba
del viernes me sorprendiera con sus dos turbadores huecos de las carnicerías,
de las que tanto sabe el homenajeado y tanto callamos el personal. La Plaza de
Arriba, con esa fachada de un ayuntamiento cuya llana belleza pueblerina le
arrancaría a cualquier Marqués de Santillana una “serranilla” conmovida, en
cuyos sótanos hubo un recinto carcelario que le dio nombre a la antigua Calle
de la Cárcel y ahora dicen que aloja legajos que nuestro cronista supo
recuperar, organizar y husmear con empeño propio de sabios.
Ay, este pueblo mío, que tantas vidas y
tantas muertes enconadas en lo viejo ha sabido trocar en homenaje en vida a sus
hijos más brillantes, como nuestro cronista oficial, José Manuel Troyano
Viedma, que ahí anda, empeñado en rebuscar en los archivos de la vida la
mejor manera de contar y ensalzar lo que los bedmareños venimos siendo en la VillaNueva
desde que alcanzó la denominación de Villa, y cuya MEDALLA DE ORO se le
imponía en el acto al que estoy refiriéndome.
Son grandes los pueblos que saben
reconocer en vida a sus hijos más grandes.
En Bedmar. En un 10 de Mayo de 2025
AL CRONISTA
Sonetos - 33/2025
Al cronista José
Manuel Troyano Viedma,
que seguirá
contándonos aún mucho después de irnos.
Acaso con los últimos pedazos
de aquella desarmada adolescencia,
sin más impedimenta, sin más ciencia
que un revuelo de anales a retazos
cicatrizas, amigo, los
zarpazos
que nos lanza la vida sin clemencia
robándonos con saña y a conciencia,
el tiempo, los recuerdos, los abrazos.
Pero la desmemoria rema en vano
contra ese empeño tuyo que recoge
las ultimas espigas del verano.
De nuestra tradición escrita a mano
eres fiel amanuense. Como un troje
que guarda nuestra historia, grano a grano.
En CasaChina.
En un 14 de Mayo de 2025