PeriodiqueandoLos
– 62/2026
Permítaseme que, a falta de recursos propios mejor
enhebrados, encanille mi propia proposición al hilo de lo que ya dijo Bertolt Brecht sobre la bondad de permanencia en el compromiso
vital con la que algunos luchan por repartir entre los demás lo que en la vida
obtienen. Son seres luminosos, como el que hoy me ocupa.
Me refiero hoy a Antonio Martín Mesa:
ese economista que convierte los números y los cálculos en puro pensamiento
ético. El que, como el Piyayo hacía con sus nietecillos sin dientes, mastica el
pan duro de la economía en su propia boca, y luego, cuando ya está en
condiciones de que podamos digerirla, nos la da a degustar como a buchitos.
El
que me hace pensar que… (y aquí es donde me aprovecho del poema de Bertolt
Breck) hay seres que saben mucho de algo, y son buenos. Hay seres que aprenden mucho
de algo durante mucho tiempo, y son mejores. Hay seres que aprenden mucho
durante toda su vida y, además, saben explicárselo a los que no saben. Esos son
los imprescindibles.
A
estas alturas de mi vida puedo afirmar que hubo un tiempo en el que el
pensamiento se catalogaba en casillas estancas sin posibilidad de comunicación
colaboradora entre ellas. In illo témpore, en aquel tiempo del que
hablo, llegado el cruce de caminos del cuarto-y-reválida de nuestro entonces vigente
“plan-de-estudios”, se acababa la ósmosis. Teníamos que elegir entre bachiller
superior de ciencias o de letras, elección excluyente que dejaba a los de
ciencias sin las delicias del latín, del griego y de las ciencias del
pensamiento (entre otras), y a los de letras se nos privaba de los laberintos del
cálculo, condenándonos a la sospecha de que los arcanos de la trigonometría
eran todo menos recursos adecuados al saber pensar y aplicar lo pensado.
Por
eso, y leyendo a ese economista de a pie que es Antonio Martín Mesa, me
refocilo ahora comprobando que solo el pensamiento sistémico con el que
él aborda la supuesta aridez numérica de los temas económico es una manera
incontestable de utilizar la profesión propia como recurso ético hasta ponerla
al servicio del pensamiento filosófico. Por eso afirmo hoy lo que afirmo:
Me gusta saber
por boca de los que saben
que la ética del “no a la guerra”
puede definirse en términos
económicos
¿Hay mejor forma de
explicar un nuevo “no-a-la-guerra”? Lean a Antonio Martín en su columna del
Diario JAÉN de hoy, y díganme si no es para echarnos a pensar…
En CasaYayYán.
En un 24 de Abril de 2026