Periodiqueando lucideces – 42/2026
Convertirse en sabio requiere del necesario talento como para saber qué leer cada día, y de la suficiente humildad para enseñarse a cómo leerlo.
Sobre el qué leer, ya tengo dicho que a mí lo que me enseñaron desde bien chica fue a leer el periódico (o mejor, “los” periódicos) junto con los tebeos del Capitán Trueno, Roberto Alcázar y Pedrín, y Las aventuras de Telémaco.
A partir de ahí, lo de leer se hizo adición, y con ello sigo como aspirante discontinua a la inmensidad de la sabiduría, sabiendo de antemano que nunca alcanzaré la meta final porque siempre hay sabios que me la cambian de sitio. Por eso lo mejor es picotear en la diversidad temática si no se puede abundar.
La diversidad temática que puede hallarse en al menos un par de Diarios va dejando un poso de sabiduría semejante al limo que deja en río Nilo en sus recurrentes inundaciones. La fertilidad no es el río en sí mismo, sino el poso de sus limos; como la sabiduría no está en las letras del periódico, sino en el sedimento que ellas dejan cuando pasa por encima de tierras labrantías ansiosas de bebercio y dispuestas a nueva sementera.
Distinto es el cómo leer. Y eso es lo que hoy he aprendido de Antonio Martín Mesa, ese sabio que, además de maestro de economistas y promotor cultural, se nos presenta hoy como humanista de lo actual: la inmigración imprescindible. Eso sí: disculpándose por saber tanto. Humilde como todos los verdaderos sabios que en el mundo han sido.
Exacto: leer con humildad a quienes saben de lo que hablan nos prepara para poder expresarnos personalmente algún día repeliendo esas odiosas petulancias que destilan ciertas personas, como rebabas de su propia esencia, y que hacen que quienes escuchan se sientan irritados, ninguneados y desautorizados en su mismidad.
Ya saben lo que hay que leer, si lo que se quiere hoy es aprender economía humanística, sabia y documentada.
En CasaChina. En un 27 de Febrero de 2026




