YAyYÁN y el viento verde – 79/2026
A
quienes ayer desenterraron de nuevo la memoria de los que fueron silenciados con
balas cuando ya no había guerra que ganar o perder.
Y
a mi hermana, que ayer me enseñó lo de las balas de fogueo
Con el 1 de abril y el 2 de mayo
algunas RosasRojas han caído…
Eran los días sin mí.
Gracias a Dios, yo no había nacido
todavía.
Eran los días siguientes a la arenga del
BandoVencedor:
“¡Españoles! La guerra ha
terminado”.
Pero seguían oyéndose
disparos:
¡Pelotón!
¡Firmes!
¡Apunten!
¡Fuego!
(Cada
soldado −¡SEÑOR, SÍ SEÑOR− rogaba a las alturas:
“Señor: que
mi bala sea la de fogueo”).
Y seguían
llenándose las fosas de pavores
sin nombres
de metal sobre las lápidas
y con las RosasRojas
de su sangre clamando anonimatos
bajo tierra.
Por otra
parte, estaba el día a día:
los días eran oscuras ratoneras
donde apenas cabía tanto silencio
incógnito, servil o resignado.
Pero ayer,
PrimeroDeNoviembre en SanEufrasio,
flamearon al aire RosasRojas.
Se abatieron pretéritas mordazas.
Revivieron los nombres silenciados.
Volvió a resucitar la dignidad.
Afloraron las penas insepultas.
Corrieron nuevas lágrimas mil años reprimidas.
Y se empuñó sin ira la voz de la
memoria
ante la que postré mi propio adeudo.
En CaYAyYÁN. En un 2 de
Noviembre de 2026