Creyente de cualquier creencia con
reparos, aunque no practicante de ninguna, bien puedo definirme como una activista
descreída de los dogmas propios y de los credos ajenos, rebus sic stantibus.
Es muy posible que, en aquellos
primeros momentos en los que comenzábamos a convalecer del obligado silencio, impuesto
por CuarentaAñosDePaz, hubiera una urgencia vital de desatorar las
gargantas y gritar a pleno pulmón; un tiempo en el que lo de interrumpirse LosHunos
a LosHotros y LosHotros a LosHunos, como Dios nos interrumpe
(la vida) no fuera una bribonada para engañifar jácaras sino la mejor manera personal de trasladar
creencias.
En aquellos tiempos del “habla
ahora o calla para siempre”, o del más expeditivo “maricón-el-último”, pereciera
que la berrea tuviese su eficacia en los PresuntosOyentes, quizá porque LosHunos
y LosOtros debieron tomar el rábano por las hojas sin preocuparse
demasiado de que las hojas se les quedaran en la mano sin llegar a arrancar la
raíz, y, acabada la Cuaresma, acabaron por confundir el “presunto” con el jamón
de bellota.
Es muy posible que incluso
lo de pisarse arengas LosHunos a LosHotros y LosHotros a LosHunos,
elevando el tono hasta hacer inaudible al contrincante, pareciera que venciese,
aunque no convenciese a los PresuntosOyentes.
Con el paso del tiempo, conservado
el ruido en salmuera, y refrito en la chabacanez del volumen áulico, a los PresuntosOyentes
se nos va endureciendo la capacidad de atención, y comenzamos a renunciar a
cualquier intento de comprender ese galimatías con el que se pisan la mugre del
gallinero LosHunos a LosHotros y LosHotros a LosHunos.
Si semejante balumba ensordecedora
nos trastorna el oído, no consigue sin embargo desgastarnos el paladar, ni anestesiarnos
el regustillo a tocino rancio que se nos queda en él.
En conclusión: no
cabe duda de que semejante estruendo volumétrico se ha enranciado. Debiera creérseme
cuando digo que el rancio de LosHunos y de LosHotros comienza a
tener efectos secundarios: nos está refinando el paladar y nos está empujando a
buscar la verdadera armonía en “los sonidos del silencio”.