
Periodiqueando – 98/2026
Si hay algo que
me fascina de Miguel del Olmo Escribano es su habilidad para el taxidermismo
literario.
Me explico. Él, con esa
propensión incontrolable que tiene a maquinar historias, siempre hace lo mismo:
proporcionarnos la dosis justa de caracteres (incluidos espacios) para engancharnos
en la carnaza de sus mallas con una desazón semejante a una adicción de
drogadicto. El proceso es pura alquimia. Lo primero que hace es inventarse un
personaje que, desde luego, ya existe. Luego le pone nombre y hechuras poco
reconocibles a ese alguien que, como ya he dicho, de seguro que existe, pero
que el DelOlmo decide mantener entre bambalinas con mucho miramiento. Rematada
la manera de mentarlo sin señalarlo, le abre las entrañas, y lo va destripando párrafo
a párrafo con un preciosismo propio de lo que ya he dicho, de taxidermista. Antes
ya ha preparado el terreno lanzando la primera andanada: una historia escasa en
hechuras (como todas las que escribe) pera ahíta de sustancia, aunque con fingida
“anodinez”, y allí es donde acomoda a su personaje con un nombre propio poco
común, recién inventado para encubrir identidades aunque fácilmente recordable;
como el de la famosa Alina, mantenida en vigor durante los últimos meses
en su columna del Diario JAÉN, que pasó en un pispas de mucama personal
de un empedernido y vergonzante (que no vergonzoso) fumador de balconcillo
nocturno a maquilladora de muertos ajenos cuando murió su patrón personal, hasta
vérselas con un municipal a causa del esparcimiento de la “cuota litis” de la cenizas
legadas por su patrón, sin que la moza, metida en semejante ajetreo, amagara
venirse abajo, ya fuera por falta de tiempo que perder en tiquismiquis ya por
carencia de medios con los que poder costearse desalientos.
Pero sigamos con las
mañas del DelOlmo. Una vez hechas las presentaciones de
lugar, lugareño y trebejos, dejándonos siempre con sabor a escaso y tripas
vacías, nuestro Escribano nos engatusa con un elidido y nunca
pronunciado “continuará” que sus lectores domingueros esperamos como la gente
del campo espera lo que el cielo quiera mandarles, aunque lo que haya de caer
caiga siempre en domingo o fiesta de guardar.
Hoy, salida de la pluma
del Escribano, le ha tocado el turno a una tal DoñaIsabel, de
esas que todos conocemos, con casa familiar propia de esplendor algo
descascarillado, carcomida en sus peanas por escaseces provenientes de una reciente
viudez, donde resiste con la gallardía propia de otros tiempos un espacioso testero
de nogal, cuya noble negrura parece incomodarles tanto a las bisoñas moderneces
de la nuera de LaDoña como al esnobismo rampante de la pupila que la
estanciera ha tenido que meter en su casa para poder meter al mismo tiempo algo
de enjundia en la alacena y, por qué no decirlo, un poco de compaña frente al
televisor encajado sin demasiado impedimento en la deshabita enormidad de su testero.
Como ya he apuntado,
los relatos domingueros de mi favorito Escribano, Manuel del Olmo,
son tan magistralmente trazados como escasos de hechuras. Menos mal que los va
encadenando él, unos con otros, domingo a domingo, hasta que moblaje, paisaje y
paisanaje quedan casi rematados y a la espera de un qué pasará movedizo como el
azogue.
¡Una lástima haber
tenido que despedirme de Alina! Pero sabrá usted, DonDelOlmo, que esta DoñaIsabel
me conquista nada más verla/ leerla hasta dejarme con una especie de rescoldera,
pendiente de saber si acabará levantándose del sofá para ir a hacerse otra
gaseosa con dos carterillas del “Tigre” que le alivie su propia rescoldera, con
la que poder eructar a sus anchas las incitaciones coloristas de nuera y
acompañante, o decide al fin cambiar la oscura nobleza nogaleña por la esnob compaña
policromada, por mucho que se diga que la palabra esnob remanece del término
latino "sine
nobilitate".
Nobleza obliga −que
dejó dicho mi colega Pedro Gastón de Levis−.
Quedo a la espera, DonEscribano DelOlmo. (Manuel por más
señas). Usted decide.
PS/ por cierto, ¿de qué color dirían que es la madera del Olmo?
En CasaYayYán. En un 21 de Junio
de 2026