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jueves, 30 de abril de 2026

EL DILEMA DEL ERIZO EN EL DIARIO JAÉN DE HOY

 

EL DILEMA DEL ERIZO[1]

PeriodiqueandoLos – 64/2026

Me faltará vida para evaluar los favores obtenidos de la costumbre leer un periódico cada día, adquirida durante mi adolescencia y juventud en el internado de Zurbano, 42 de Madrid.

Tampoco podré agradecer el privilegio que supone para mí, rural por naturaleza, y por adicción a mi acuñado “ruralismo prodigioso”, el acceso actual y diario al Diario JAÉN, lugar de encuentro a distancia con una pléyade de escribientes sin manguitos a cuya recacha.

Por cierto, permítanme un inciso extraído de ese ya añoso y nunca rematado <EXPRESIONARIO DE MÁGINA> sobre la palabra “recacha”:

RECACHA: Socaire. Lugar resguardado del aire y de la intemperie. Un sitio apacible y de estar a gustico.

“Ponerse a la recacha”: colocarse al abrigo de algo.

 

CUCHICHEOS: “recacha” es una de esas palabras ausentes del diccionario de la RAE, quizá por estar incluida en el mundo de los “palabros” andalucieros, impropios −al sentir de algunos− del hablar culto y cultivado allende Despeñaperros. Así parece que lo siente Rosalía García Cornejo en un trabajo que no tiene desperdicio para el gusto de quienes huroneamos en sentires y decires de nuestra tierra:

  file:///C:/Users/socom/Downloads/voces-andaluzas-que-faltan-en-drae-0.pdf  

 

 Ese acceso al Diario JAÉN me permite hoy recrearme en la lucidez y sabiduría que despliega Juan Fernando Valenzuela Magaña en su artículo de la página 5 de OPINIÓN, cuyo título −EL ERIZO− nadie en su sano juicio debiera perderse si de lo que se trata es de aprender de Thomas Mann a remitirnos a  Schopenhauer para saber manejar distancias en situaciones de soledad, recrearse en arrancarse espinas del corazón al más puro estilo descorazonado de Machado, saber de zorrerías zorrunas −valga la redundancia− cuando las deseadas uvas nos quedan demasiado altas como para alcanzarlas y, en definitiva, hacer literatura de la buena con conocimiento de causa y documentación acreditativa de saber de lo que habla.

Ustedes pueden hacer lo que quieran, pero yo no me perdería ese artículo. Enseña tantísimo…

 

En CasaYaiYán. En un 30 de Mayo de 2026

viernes, 24 de abril de 2026

EL PENSAMIENTO ECONOÉTICO DE ANTONIO MARTÍN

 

 PeriodiqueandoLos – 62/2026

Permítaseme que, a falta de recursos propios mejor enhebrados, encanille mi propia proposición al hilo de lo que ya dijo Bertolt Brecht sobre la bondad de permanencia en el compromiso vital con la que algunos luchan por repartir entre los demás lo que en la vida obtienen. Son seres luminosos, como el que hoy me ocupa.

        Me refiero hoy a Antonio Martín Mesa: ese economista que convierte los números y los cálculos en puro pensamiento ético. El que, como el Piyayo hacía con sus nietecillos sin dientes, mastica el pan duro de la economía en su propia boca, y luego, cuando ya está en condiciones de que podamos digerirla, nos la da a degustar como a buchitos.

El que me hace pensar que… (y aquí es donde me aprovecho del poema de Bertolt Breck) hay seres que saben mucho de algo, y son buenos. Hay seres que aprenden mucho de algo durante mucho tiempo, y son mejores. Hay seres que aprenden mucho durante toda su vida y, además, saben explicárselo a los que no saben. Esos son los imprescindibles.

A estas alturas de mi vida puedo afirmar que hubo un tiempo en el que el pensamiento se catalogaba en casillas estancas sin posibilidad de comunicación colaboradora entre ellas. In illo témpore, en aquel tiempo del que hablo, llegado el cruce de caminos del cuarto-y-reválida de nuestro entonces vigente “plan-de-estudios”, se acababa la ósmosis. Teníamos que elegir entre bachiller superior de ciencias o de letras, elección excluyente que dejaba a los de ciencias sin las delicias del latín, del griego y de las ciencias del pensamiento (entre otras), y a los de letras se nos privaba de los laberintos del cálculo, condenándonos a la sospecha de que los arcanos de la trigonometría eran todo menos recursos adecuados al saber pensar y aplicar lo pensado.

Por eso, y leyendo a ese economista de a pie que es Antonio Martín Mesa, me refocilo ahora comprobando que solo el pensamiento sistémico con el que él aborda la supuesta aridez numérica de los temas económico es una manera incontestable de utilizar la profesión propia como recurso ético hasta ponerla al servicio del pensamiento filosófico. Por eso afirmo hoy lo que afirmo:

Me gusta saber

por boca de los que saben

que la ética del “no a la guerra”

puede definirse en términos económicos

 

¿Hay mejor forma de explicar un nuevo “no-a-la-guerra”? Lean a Antonio Martín en su columna del Diario JAÉN de hoy, y díganme si no es para echarnos a pensar…

 

En CasaYayYán.  En un 24 de Abril de 2026

sábado, 18 de abril de 2026

EL ENIGMA DEL TIEMPO

 

Periodiqueando − 61/2026

Por más que buscaba y rebuscaba en la Biblia, y más concretamente en el Génesis, no era capaz de encontrar una referencia a que Dios se ocupara de crear algo tan valioso como escaso: el tiempo.

Vean si no como se dice. Tal cual:

Días de la Creación (Génesis 1):

·   Día 1: Dios creó la luz y la separó de la oscuridad, llamándolas "día" y "noche".

·   Día 2: Creó el firmamento (cielo) para separar las aguas superiores de las inferiores.

·   Día 3: Separó las aguas para formar los mares y la tierra seca, y creó la vegetación.

·   Día 4: Creó el sol, la luna y las estrellas para gobernar el día y la noche, y marcar las estaciones.

·   Día 5: Creó las criaturas marinas y las aves.

·   Día 6: Creó los animales terrestres y al ser humano (hombre y mujer) a su imagen y semejanza.

·   Día 7: Dios descansó de toda su obra, bendiciendo y santificando el séptimo

Si me metí en semejante investigación sobre la hipotética creación divina del tiempo fue por aquello de saber el alcance de mi saldo para decidir con talento −suponiendo que yo tenga talento− sobre la disposición del mismo.

Sin el tiempo, −pensaba− hay que convenir que el resto de lo creado carece de sentido.

Conste que el regomello por lo del tiempo me lo metió el mismísimo Virgilio con aquello que dejó caer en su poema “Las Georgias”: Tempus fugit. Y tanto que el tiempo huye. Que me lo digan a mí, que parece que ayer mismo moceaba en plan pimpollo por este Jaén al que he vuelto con las hechuras en condiciones mejorables y casi para el arrastre.

Cuando, por enésima vez, estaba ya al borde del descreimiento de lo divino y sus previsiones, me llega el “pensamentario” de José Chamorro, el forma de Tribuna periodiquense, como si fuera el mismísimo Dios −suponiendo que exista− el que estuviera dando contestación esperanzosa a mi consternación temporera. No se trata de saber desde cuándo existe el tiempo, sino de decidir voluntaria y conscientemente cómo usarlo.

Los que saben de esas cosas divinas dicen que Dios −suponiendo que exista− se vale de lo que le viene en gana para mandarnos razón de sus sinrazones. Hasta parece que la Santa de Ávila lo dijo a su manera: “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.

Pues eso: que Dios −suponiendo que exista− ya se tomó la tarea de crearnos a nosotros a su imagen y semejanza, lo que parece que llevaba de serie lo de ponernos tiempo de caducidad −que no de obsolescencia, si tomamos en consideración lo de la resurrección de los muertos−. Tampoco es cosa de pedirle que, encima de resucirtarnos, nos indique cuánto y cómo gastar el tiempo. Ni si vamos a decidir hacerlo con talento, o con “anticipez”, ”anticipalgia”, “anticipemia”, tres palabrejas que me inventé para definir esas maniáticas anticipaciones con las que malgastamos lo más valioso que tenemos: el tiempo.

Otro día hablaremos de esos palabros con mayor detenimiento. Hoy prefiero recomendarles que lean la Tribuna de José Chamorro. Es la mejor manera que se me ocurre de emplear mi fin de semana.

 

En CasaYayYán. En un 18 de Abril de 2026

EL DILEMA DEL ERIZO EN EL DIARIO JAÉN DE HOY

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