
Miedos – 04/2026
Yo, que suelo mantenerme al margen de discusiones ajenas cuando
están posicionadas hasta la abducción creencializada, esta vez ni puedo ni quiero ser ajena a lo que
sucede en Venezuela.
En nombre del amor, es obligado tomar mis propias posiciones.
Conozco Venezuela.
Amo Venezuela.
En Venezuela, hace ya dos décadas, conocí la poesía en estado
puro.
Por eso, los sucesos de Venezuela, contrarios a todo lo
aprendido y aprehendido, me escuecen como sin fuera mi propia tierra la que sufrió
la afrenta de lo ajeno.
Tal vez a alguien le parezca que Venezuela está muy lejos y que
lo que pase allí no puede pasar aquí. Pero puede pasar. Claro que puede pasar si
guardamos silencio. Si nos quedamos indiferentes, pensando que eso no va con
nosotros y damos por bueno que se rompan las reglas de respeto y solidaridad
universal que la humanidad más cultivada ha asumido desde el Pensamiento Gestalt
que se nos ha enseñado.
Como dijo casi dos siglos antes del nacimiento de Cristo aquel
esclavo manumiso que fue Publio Terencio el Africano, en su obra El enemigo de sí mismo, Homo sum; humani
nihil a me alienum puto. "Soy un hombre; nada de lo humano me es ajeno".
Soy persona. Nada que suceda a otras personas
puede serme ajeno.
Hoy, más que nunca, recuerdo a Martín Niemöller, y su
poema sobre la pasividad frente al mal extraño:
Primero vinieron por los socialistas,
y guardé silencio porque no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y no hablé porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por mí,
y para entonces ya no
quedaba nadie
que hablara en mi nombre.
Si vienen a por mí, me
agarraré de la mano de quienes tejen la danza de la solidaridad a pesar del
miedo y juntos trenzaremos una red de solidaridad frente a la ignominia.
De eso se
trata: de convertir el desfile aplastante de las botas invasoras en una danza
de manos unidas.
https://youtube.com/shorts/iQAhGKMxISk?si=vVmCkbciZe_M55ya
En CasaYaiyán. En un 5 de Enero de 2026