Periodiqueando − 61/2026
Por más que buscaba y rebuscaba en la Biblia, y más concretamente en el Génesis, no era capaz de encontrar una referencia a que Dios se ocupara de crear algo tan valioso como escaso: el tiempo.
Vean si no como se dice. Tal cual:
Días de la Creación (Génesis 1):
· Día 1: Dios creó la luz y la separó de la oscuridad, llamándolas "día" y "noche".
· Día 2: Creó el firmamento (cielo) para separar las aguas superiores de las inferiores.
· Día 3: Separó las aguas para formar los mares y la tierra seca, y creó la vegetación.
· Día 4: Creó el sol, la luna y las estrellas para gobernar el día y la noche, y marcar las estaciones.
· Día 5: Creó las criaturas marinas y las aves.
· Día 6: Creó los animales terrestres y al ser humano (hombre y mujer) a su imagen y semejanza.
· Día 7: Dios descansó de toda su obra, bendiciendo y santificando el séptimo
Si me metí en semejante investigación sobre la hipotética creación divina del tiempo fue por aquello de saber el alcance de mi saldo para decidir con talento −suponiendo que yo tenga talento− sobre la disposición del mismo.
Sin el tiempo, −pensaba− hay que convenir que el resto de lo creado carece de sentido.
Conste que el regomello por lo del tiempo me lo metió el mismísimo Virgilio con aquello que dejó caer en su poema “Las Georgias”: Tempus fugit. Y tanto que el tiempo huye. Que me lo digan a mí, que parece que ayer mismo moceaba en plan pimpollo por este Jaén al que he vuelto con las hechuras en condiciones mejorables y casi para el arrastre.
Cuando, por enésima vez, estaba ya al borde del descreimiento de lo divino y sus previsiones, me llega el “pensamentario” de José Chamorro, el forma de Tribuna periodiquense, como si fuera el mismísimo Dios −suponiendo que exista− el que estuviera dando contestación esperanzosa a mi consternación temporera. No se trata de saber desde cuándo existe el tiempo, sino de decidir voluntaria y conscientemente cómo usarlo.
Los que saben de esas cosas divinas dicen que Dios −suponiendo que exista− se vale de lo que le viene en gana para mandarnos razón de sus sinrazones. Hasta parece que la Santa de Ávila lo dijo a su manera: “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.
Pues eso: que Dios −suponiendo que exista− ya se tomó la tarea de crearnos a nosotros a su imagen y semejanza, lo que parece que llevaba de serie lo de ponernos tiempo de caducidad −que no de obsolescencia, si tomamos en consideración lo de la resurrección de los muertos−. Tampoco es cosa de pedirle que, encima de resucirtarnos, nos indique cuánto y cómo gastar el tiempo. Ni si vamos a decidir hacerlo con talento, o con “anticipez”, ”anticipalgia”, “anticipemia”, tres palabrejas que me inventé para definir esas maniáticas anticipaciones con las que malgastamos lo más valioso que tenemos: el tiempo.
Otro día hablaremos de esos palabros con mayor detenimiento. Hoy prefiero recomendarles que lean la Tribuna de José Chamorro. Es la mejor manera que se me ocurre de emplear mi fin de semana.
En CasaYayYán. En un 18 de Abril de 2026
