VA DE...Batiburrillo literario

viernes, 23 de enero de 2026

EL PERRO PERDIDO Y HALLADO EN LAS VÍAS

 

BORO

En VíaMuerta – 18/2026

La noche se congeló en una imagen fija. Eso fue cerca de Adamuz. Luego, el horror. O eso afirmaron quienes fueron arrojados a la intemperie sin consideraciones en mitad de la noche.

Dos trenes, con un destino aciago, se habían cruzado en mala hora.

Muchos, demasiados pasajeros humanitas, tras el golpe certero, callaron para siempre.

Los pasajeros humanitas que aún podían hacerlo, gemían.

Boro, el pasajero perruno de uno de los dos trenes siniestrados en el encuentro, cerca de Adamuz, escapó del horror por donde pudo. Y, con el instinto concentrado en encontrar a su ama, se extravió en mitad del pánico nocturno y congelado.

Algunos dijeron haber visto a Boro, sin poder dar razón cierta de que fuera el perrillo en carne mortal quien vagaba sin un destino cierto, o acaso fuera un delirio; un celaje impregnado de su espíritu perruno.

Rubén Flores, un bombero voluntario de los que acudieron en auxilio de los bloqueados por el pánico, como buen creyente, creyó en el perro. Lo buscó y, a los tres días, lo encontró. Eso sí: con los ojos llenos de algo que solo los seres vivos sienten: miedo.

¡Qué no habrán visto los ojos de Boro durante esos tres días de arrancia en busca de su ama…!

Ay, si el perro perdido y hallado en las vías pudiera hablar…

Pero Boro no hablará. Dentro de lo que cabe, aún podemos dormir tranquilos.

Será su ama, cuando despierte, y gracias al destino de ambos, quien pueda hablar... de lo que ella recuerde… con Boro.

 

En CasaChina. En un 23 de Enero de 2026

 

domingo, 18 de enero de 2026

APULEYO GLOSADO POR PEDRO ANTONIO LÓPEZ YERA

 

APULEYO

Periodiqueando RuralensesProdigiosos – 13/2026

Por esta tierra nuestra, tan marcada por el RuralismoProdigioso, transeuntan tantísimos héroas, héroes y héroos como villanos y villanas. Casi tantos como millones de olivas tenemos −66 millones si no me equivoco, cuyas aceitunas se recogen de una en una−. Por eso, con solo asomarse al periódico de la provincia, puedo asegurarles que la sorpresa está servida.

Hoy, de la mano de Pedro Antonio López Yera,  y en la página 27 del Diario JAÉN, aparece uno de mis amigos más venerados al tiempo que, desde que la vida nos hizo coincidir en el mismo camino, castellano por más señas, se convirtió, y siempre lo será, uno de mis personajes favoritos: Apuleyo Soto Pajares.

De esto hace ya muchos años. Éramos algo menos ¿provectos…?, y coincidimos y nos conocimos sentados, frente por frente, a la mesa de un hotel de Silos, en una expedición literaria a uno de esos pueblos guardeses de monasterio con letras para dar y tomar. No me extrañaría que Cervantes hubiera sacada tajada de alguno de los volúmenes de la biblioteca de los monjes.

Nada más verlo, pensé que Apuleyo era un QuijoSancho. Un epítome cervantino. Vaya, un Quijote bajito recién despojado de su bacía o un Sancho demasiado flaco, a punto de atacar un reconfortante potaje silense bajo la hermosísima mirada de su Dulcinea, mi/su querida Ana.

Nos vimos muchas veces más. Pero aquel primer encuentro en Silos fue el inicio de una admiración sin ambages por Apuleyo Soto Pajares, el hombre de la voz profunda, el gesto jocoso, las maneras bizarras y el corazón como una plaza de toros convertida en santuario.

Y, encima, ahora me lo encuentro en el Diario JAÉN, como si fuera uno de los nuestros. ¡Quién sabe! A lo mejor lo es…

¿No es prodigioso?

Ea, Apuleyo, que lo nuestro, ahora que las piernas nos van fallando, es encontrarnos en los caminos de papel que frecuentamos de la mano de los peones camineros de las letras.

Gracias por el celestineo, Pedro Antonio López Yera.

¡Salve, Apuleyo!

En CasaChina. En un 18 de Enero de 2026

MI PAISANO, PACO REYES

  SocNetos – 33/2026 Tiene esos ojos tristes y lejanos que acarician el tiempo y la distancia. Es tan acogedor como una estancia d...