
PeriodiqueandoDiario – 11/2026
Hoy:
Nicolás Montiel y su teoría de las pérdidas voluntarias.
Como he dicho mil veces, leer
un trío de periódicos al día es como asistir como becaria a clases magistrales
de taichí mental, en las que aprender a ralentizar los movimientos de los ojos
sobre las columnas escritas y descubrir las casi invisibles líneas de puntos
con las que juntar lo que se lee con lo que quisieron decir quienes lo
escribieron.
Como mis
querencias son columpiales, y están en continuo balanceo entre lo del liberalismo
feminista de John Stuart Mill, [“naturaleza y límites
del poder que puede ejercerse legítimamente por la sociedad sobre el
individuo], el liberalismo europeísta de Salvador
de Madariaga, [«como liberal que soy, doy
importancia mínima a lo económico, la mediana a lo político y la máxima a lo
humano»], infiltrado por las
propensiones del liberalismo paradójico de Indalecio
Prieto, […soy socialista a
fuer de liberal], suelo leer tres periódicos de distinta ubicación
geográfica, norte, centro y sur de esta península nuestra tan “puenteada” por
la disparidad distributiva.
Digamos que el Diario Jaén es mi estación
término, porque para eso una servidora es de Jaén, donde acabaré residiendo
para la eternidad después de haberle hecho mil cobras.
Poco
a poco, desde las páginas de mi Diario de cabecera nos vamos conociendo los habituales
que en él escribimos y, como ya he confesado, cuando leo trato de desentrañar
lo que se dice y lo que de verdad se quiere decir.
Hoy
ha sido la prodigiosa erudición ruralista de Nicolás Montiel en el
decir la que me ha salido al paso, pillándome con el paso cambiado,
especialmente dispuesta a quitarme de la cabeza todos los
“propósitos”−de-fin-de-año” que, como cada idem, vuelvo a bajar cada mes
de enero del desván de los trastos viejos de “ser-mejor”.
Hombre, así, a primera vista, DonMontiel,
lo que escribe usted hoy parece un catecismo para herejes láicos. (Ese
ha sido mi primer pensamiento).
Una
segunda lectura −en función taichí mental− me ha arrancado un vagido lanzado en
voz alta: ¡Será pendejo…!
¡Usted
sí que sabe, DonMontiel!
Ahí
dice literalmente lo que dice. Pero… ¿será verdad que dice usted lo que
piensa…? ¿O que de verdad piensa eso que
dice…? ¿O que quiere decirnos, sin decirlo lo que lleva diciéndose a sí mismo
año tras año...?
No
sé…; no sé…
¿Qué
dice usted?
¿No
será que…?
¡Ya está! ¿A que lo que usted quiere
decirnos es que, para convertirnos en vencedores frente a nuestro mayor
enemigo, (que casi siempre somos nosotros mismos), no nos queda otra que
aprender a querernos tal como somos, en lugar de fustigarnos por ser algo
cansinos con el horario, un poco gordos de más, incapaces de dejar de fumar,
aspirantes al anonimato alcohólico, analfabetos idiomáticos, facundos excesivos
o pesarosos perdedores empedernidos?
Sin
comerlo ni beberlo (pero leyéndolo a usted, colega) me he caído de cabeza en el
recuerdo de aquello que dejó escrito Cortazar con clarión de Rayuela:
“Nada está perdido si tenemos el valor de
proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”.
…que viene a ser lo mismo que lo que usted, DonMontiel,
viene a decir: …perderlo todo en lugar de ganar la nada en la que al final
nos perderemos.
Ea.
En CasaChina. En un 17 de Enero de 2027