VA DE...Batiburrillo literario

domingo, 23 de agosto de 2026

EL ENEMIGO CONFORTABLE

 

Periodiqueando 159/2026

Porque, tras leer la columna de LUÍS SALIDO, me reafirmo en mi creencia de que ,,,amo a Jaén sobre   todas las cosas, y a la gente de Jaén sin etiquetas como a mí misma.

 

Me gusta, y a la vez me estremece, cada párrafo de los que voy leyendo esta mañana en la columna de Luis Salido, con el título de “Cobardía”, en el Diario JAÉN, porque me recuerda aquello de que callar, como correr, es de cobardes, aunque en el fondo piense que la cobardía depende mucho de quien, agazapado y a cubierto, mira cómo corre el supuesto cobarde.

Me gusta, y a la vez me estremece, cada párrafo, semejante a los mazos de un batán, porque Luis Salido, en su columna de hoy, se coloca contracorriente, y tal parece que al pairo de aquello otro del “habla ahora o calla para siempre”.

Me entran ganas de recortar esa columna de Luis Salido,  enmarcarla y colgarla en el espejo delante del que cada día me cepillo los dientes, para ver si se me quita el mal aliento que sale de mi boca en busca de alguien a quien apestar por una razón tan sinrazón como la de haber decidido un día convertirme en “buena” haciéndome de los míos, asumiendo que todos los demás son los malos porque son “de los otros”.

Mientras ustedes van a por el periódico de hoy, (porque, créanme, deben ir y leerlo) yo me quedo limándome las rapacerías de fieroche con la lija de grano fino que es este párrafo:

“Sería demasiado fácil escribir que los cobardes son siempre los otros: Sánchez, Feijó, los ministros, la Junta, la Diputación, los alcaldes, Bruselas o ese enemigo confortable al que atribuimos cuanto nos sucede. Pero ¿y nosotros? ¿Cuántas veces callamos para no significarnos? ¿Cuántas aceptamos lo inaceptable porque todavía no nos afecta demasiado? ¿Cuántas renunciamos a defender una idea por miedo a una etiqueta?”

¿Ven por lo que hay que leer esta columna hoy? Porque, sin pretenderlo, nos indica la mejor ruta para que nunca pase en Jaén lo que todos queremos que pase: estar todos a una en lugar de andar a la caza de “enemigos confortables”

No. No deseo yo convertirme en una buscona de “enemigos confortables” sobre los que descargar mis diatribas rampantes, siquiera sea por la sencilla razón de que eso desgasta demasiado, sin darme a cambio −ni darle a mi Jaén querido− ningún provecho.

Y yo necesito desesperadamente emplear las pocas energías que me asisten, y el mucho o poco tiempo que aún me quede, en pegar mis propias etiquetas sobre las que fueron poniéndome los demás en mi maleta, dispuesta a seguir aprendiendo a amar a Jaén sobre todas las cosas, y a amarme a mí misma como solo yo puedo amarme.

 En CasaYayYán. En un 23 de Agosto de 2026

sábado, 22 de agosto de 2026

CUESTIÓN DE CREENCIAS

 

SeñoraDe… 158/2026

Y, con el recuento de votos en ristre, vencieron resistencias.

Pero no convencieron creencias ajenas.

 

Desde el principio yo sabía que él creía en Dios, y hasta se esforzaba porque yo, ya que no creía en Él, al menos creyera en él.

Yo, siempre acobardada por la infalibilidad de Dios, creía en la falibilidad de la gente, y en gente como él. Y deseaba íntimamente que la gente, Dios y él creyeran en mí, con mis tinos y mis desatinos.

Cuestión de creencias, discrepancias y reciprocidades.

Yo supe desde el primer momento cuáles eran sus convicciones políticas: era un “hombre de orden”, un jurídico de sólida formación académica y un militar que alcanzó la cumbre de su oficio, sin duda gracias a sus arraigadas certezas sobre la obediencia jerarquizada, lo que enlazaba mal con cualquier amago de pensamiento oclocrático.

A él no le oculté nunca que yo carecía de “obediencias” políticas dispuestas a imponer consignas; que mis inclinaciones jurídicas tenían mucho que ver con la eximente más o menos completa del hurto famélico, y que lo de vencer, sin previo convencimiento, no era mi fuerte.

Cuestión de creencias y perplejidades sobre la obediencia debida.

A propósito de ello, viene a mi recuerdo aquella vez en la que quien podía hacerlo le preguntó qué haría en caso de ser nombrado gobernador civil y recibir una orden que chocara con sus convicciones. Su contestación fue irrefutable: “Ministro: obedecería esa orden en primer tiempo de saludo y, al día siguiente, tendrías mi dimisión encima de tu mesa”.

Por supuesto, no fue gobernador civil, pero gobernó su civismo con tacto exquisito. Tan exquisito ante mis ojos que acabé creyendo en él como en mí misma (de quien, por cierto, a veces dudo sin reservas, porque me fascina no ser infalible).

En definitiva, cuestión de excelencias, de creencias, de obediencias, de convergencias asertivas, y de …decencias.

 

En CasaYayYán. En un 22 de Agosto de 2026

 

POR SI LAS MOSCAS

 

SeñoraDe – 157/2026

 

Ha llegado la hora de hablar sobre nosotros

Curiosa aquella inicial costumbre del que fue mi marido de nunca llevarla, pero sí ponerla a mano. “Por si las moscas” −repetía cuando se le preguntaba el porqué. 

Hasta que...

Pero antes aclaro que hablo de… su pistola reglamentaria, aquella que un día, tras empuñarla para espantar a alguien de los que por entonces mataban a bocajarro a cualquier humano que fuera uniformado, desapareció de la guantera del coche…

Yo no volví a verla hasta que, muchos años después, tuve que revisar los enigmas de los cajones de su mesilla de noche −una vez más “por si las moscas”−.

“Por si las moscas” ocupó el pesado armero, que, traído y llevado con mil fatigas por las innumerables casas que nos ocuparon y contuvieron, habitó hasta el fin de sus días, cual féretro puesto en pie, uno de los cubículos construido al fondo del garaje de nuestra última casa del Sur, de nombre tan norteño como “Marineda”, vaya usted a saber si en recuerdo de su Coruña natal, o en homenaje íntimo a la nada pendeja de doña Emilia Pardo Bazán, muñidora de tal forma de referirse a su ciudad, allá por 1883, en su novela La Tribuna.

El mismo que tuvo que abrir la Guardia Civil, una vez muerto mi compañero de vida, en busca de las armas que tenía registradas con su guía reglamentaria, de las que nunca se sirvió antes, y que, una vez inservible su dueño para la vida, ya no iban a servirle para nada.

Cuando me pidieron estar presente en la apertura y recuento de las armas intervenidas dentro del fortín de su “ataúd”, a causa de la defunción de su dueño y señor, no pude evitar para mis adentros una sonrisa de complicidad con mi difunto:

¿“A qué venía semejante arsenal, so alma de cántaro, cuando hacía tantos años, en una de las tantas mudanzas que en vida hicimos, perdiste las llaves de ese armero”?

“Además, ¿para qué querías tú semejantes bártulos mortíferos, cuando me consta que no eras capaz ni de matar una mosca”?

 

En CasaYayYán. En un 22 de Agosto de 2026

AÑO 2100 - (Relato "MicroDistópico")

  VA DE... TRENES A JAÉN: porque cualquier relato, por muy distópico que parezca, es posible, pero en nuestras manos está hacerlo ImPos...