PoliticaStreMas – 129/2026
Es muy posible que, en aquellos primeros momentos en los que comenzábamos a convalecer del obligado silencio, impuesto por CuarentaAñosDePaz, hubiera una urgencia vital de desatorar las gargantas y gritar a pleno pulmón; un tiempo en el que lo de interrumpirse LosHunos a LosHotros y LosHotros a LosHunos, como Dios nos interrumpe (la vida) no fuera una bribonada para engañifar jácaras sino la mejor manera personal de trasladar creencias.
En aquellos tiempos del “habla ahora o calla para siempre”, o del más expeditivo “maricón-el-último”, pereciera que la berrea tuviese su eficacia en los PresuntosOyentes, quizá porque LosHunos y LosOtros debieron tomar el rábano por las hojas sin preocuparse demasiado de que las hojas se les quedaran en la mano sin llegar a arrancar la raíz, y, acabada la Cuaresma, acabaron por confundir el “presunto” con el jamón de bellota.
Es muy posible que incluso lo de pisarse arengas LosHunos a LosHotros y LosHotros a LosHunos, elevando el tono hasta hacer inaudible al contrincante, pareciera que venciese, aunque no convenciese a los PresuntosOyentes.
Con el paso del tiempo, conservado el ruido en salmuera, y refrito en la chabacanez del volumen áulico, a los PresuntosOyentes se nos va endureciendo la capacidad de atención, y comenzamos a renunciar a cualquier intento de comprender ese galimatías con el que se pisan la mugre del gallinero LosHunos a LosHotros y LosHotros a LosHunos.
Si semejante balumba ensordecedora nos trastorna el oído, no consigue sin embargo desgastarnos el paladar, ni anestesiarnos el regustillo a tocino rancio que se nos queda en él.
En conclusión: no cabe duda de que semejante estruendo volumétrico se ha enranciado. Debiera creérseme cuando digo que el rancio de LosHunos y de LosHotros comienza a tener efectos secundarios: nos está refinando el paladar y nos está empujando a buscar la verdadera armonía en “los sonidos del silencio”.
En CasaYayYán. En un 20 de Julio de 2026

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