Jaeneando 54/2025
Apreciada
Nena:
Vaya
por delante que no sabes lo que daría por poder dirigirme a ti por tu nombre,
pero, que yo sepa, o no te lo han puesto en todavía o yo, cuando nos conocimos
entre tantísimo personal y con tantísima bulla, no estuve a lo que debía de
estar para sentirlo.
Ya
me dispensarás por lo de “sentir”, porque dicen los que saben que mentar lo de
“sentir” para relatar lo que se habla no es lo correcto; pero pienso yo que
para “escuchar” en condiciones a alguien ha de sentirse con las tripas más que
en las orejas a quien quiera que nos hable.
Sabrás
que, puesto a sentir, no creo que atine yo con las palabras precisas para
hacerte saber lo que me entraba patas arriba según las mujeres de Arbuniel, sin
parar de darle al ganchillo durante tres meses, iban tejiéndome y ajustándome
las sayas hasta apañarme con las hechuras que me conociste cuando nos
presentaron en la Feria de los Pueblos. Sabrás que, mientras me ajustaban la
vestimenta, sentí que decían de llevarme a esa feria, y poco faltó para que me saltaran
las costuras de los calzones de lo ufano que me puse. Me pensé yo –pobretico de
mí– que sería el único pimpollo que acudiría a lucir canillas en lo del Diario
Jaén, ese periódico que, según el primor que se gasta, no es de extrañar que
sea el referente de la cháchara de lo que se cuece en nuestra provincia.
¡Cómo
iba yo a suponerme que un modesto hilo de lana tuviera tanto o más poderío que
la costilla del Adán del otro Paraíso! Verte aparecer y apercibirme de que
Sierra Mágina, entre las manos de sus mujeres, es un remedo en miniatura del
Paraíso Terrenal, fue todo uno. Porque estarás conmigo en que, sin Evas como
nuestras mujeres y como tú, los Adanes no podemos ser otra cosa que eso:
adanes.
Te
digo esto porque sabrás que por aquí, por Arbuniel, están pasando cosas más
propias de adanes descostillados que de laboriosas Evas. Con alguien tengo que
desahogarme, digo yo. Y con quién mejor que contigo, que remanecemos de un
mismo inicio y sabemos avenirnos con talento allí donde otros, más enganchados
a las ingles que a la razón de vivir en paz, se desentienden.
Te recordarás que nos
presentó nuestra Alcaldesa Pedánea, Ana García Valenzuela,
muñidora de mi presencia en la fiesta y aglutinadora de bríos de mujeres unidas
para darme vida. Te recordarás también cómo
mentaba, una por una, a cada mujer de las que trocaron la lana en pelloncicos
hasta hacerme como soy.
Pues ya no está.
Tal parece que desagradó que una mujer, pedánea por más señas,
se insubordinara por su cuenta y se subiera a un escenario, que hasta hace bien
poco era sitial de adanes con bastón de mando, para mentar manos de mujer.
Y la han despachado
con los modales de los tiempos más rancios.
Yo, por si acaso, te doy aviso de lo que hacen todavía algunos a
las mujeres más díscolas.
En CasaChina. En un 13 de Abril
de 2025