Periodiqueando – 159/2026
Porque, tras leer la columna de LUÍS SALIDO, me reafirmo en mi creencia de que ,,,amo
a Jaén sobre todas las cosas, y a la gente de Jaén sin etiquetas como a mí misma.
Me gusta, y a la vez me estremece, cada párrafo de los que voy
leyendo esta mañana en la columna de Luis Salido, con el título de “Cobardía”, en el Diario
JAÉN, porque me recuerda
aquello de que callar, como correr, es de cobardes, aunque en el fondo
piense que la cobardía depende mucho de quien, agazapado y a cubierto, mira
cómo corre el supuesto cobarde.
Me gusta, y a la vez me estremece, cada párrafo, semejante a los
mazos de un batán, porque Luis Salido, en su columna de hoy, se
coloca contracorriente, y tal parece que al pairo de aquello otro del “habla
ahora o calla para siempre”.
Me entran ganas de recortar esa columna de Luis Salido, enmarcarla y colgarla en el espejo delante del
que cada día me cepillo los dientes, para ver si se me quita el mal aliento que
sale de mi boca en busca de alguien a quien apestar por una razón tan sinrazón
como la de haber decidido un día convertirme en “buena” haciéndome de los míos,
asumiendo que todos los demás son los malos porque son “de los otros”.
Mientras ustedes van a por el periódico de hoy, (porque, créanme,
deben ir y leerlo) yo me quedo limándome las rapacerías de fieroche con la lija
de grano fino que es este párrafo:
“Sería demasiado fácil
escribir que los cobardes son siempre los otros: Sánchez, Feijó, los ministros,
la Junta, la Diputación, los alcaldes, Bruselas o ese enemigo confortable al que atribuimos cuanto nos sucede. Pero
¿y nosotros? ¿Cuántas veces callamos para no significarnos? ¿Cuántas aceptamos
lo inaceptable porque todavía no nos afecta demasiado? ¿Cuántas renunciamos a
defender una idea por miedo a una etiqueta?”
¿Ven por lo que hay que leer esta columna hoy? Porque, sin
pretenderlo, nos indica la mejor ruta para que nunca pase en Jaén lo que todos
queremos que pase: estar todos a una en lugar de andar a la caza de “enemigos
confortables”
No. No deseo yo convertirme en una buscona de “enemigos
confortables” sobre los que descargar mis diatribas rampantes, siquiera sea por
la sencilla razón de que eso desgasta demasiado, sin darme a cambio −ni darle a
mi Jaén querido− ningún provecho.
Y yo necesito desesperadamente emplear las pocas energías que me asisten,
y el mucho o poco tiempo que aún me quede, en pegar mis propias etiquetas sobre
las que fueron poniéndome los demás en mi maleta, dispuesta a seguir
aprendiendo a amar a Jaén sobre todas las cosas, y a amarme a mí misma como
solo yo puedo amarme.
En CasaYayYán. En un 23 de Agosto de 2026